Hanni Ossott, poética de la revelación

“Somos sólo un cuerpo, una carne, unos ojos
Y esa infinita capacidad de sentir”
H.O

Escribir unas palabras sobre Hanni Ossot supone releerla en un acto de descubrimiento en el que voy desnudándola y desnudándome a mí misma, erigiéndome frente a ella y su puño erecto ante la vida. Leer a Hanni es irrumpir en su propio universo místico, donde el silencio impera y la atención se vuelve arma. La leo en voz alta, de noche y en silencio y puedo verla allí sorprendida, explorando, escuchando sin prisa, sin atropellos, permitiendo a la poesía cuajar en su alma.

El hecho poético es para ella un proceso de maduración. Las imágenes han de ser atendidas, escuchadas: “si hay una imagen madura, claramente, perceptible y audible –dice- el poeta la sigue con palabras, la hace lenguaje y resonancia. Esas imágenes son cargas que el vivir acumula, sedimentos, rachas de memoria”1. Y en ese proceso no hay premura, hay tanteo, descubrimiento. El poeta desciende, se ubica en el borde y regresa para dejar reposar la imagen, la perla escondida.

Hanni Ossot vivió la poesía como la vida misma. Se sumergió en las profundidades de la nocturnidad para buscar la palabra, para acariciarla desde el asombro, desde la escucha. “es preciso realizar de la Noche la Luz”, esa noche es el encuentro, su poesía hecha luz, su “palabra crepuscular”, la evidencia de su recorrido por los parajes de lo indecible.

Una gran sensibilidad y una palabra honesta y comprometida con el arte y con la vida caracterizaron no sólo su obra poética y ensayística sino también su vida, su ejercicio docente, su manera de aprehender el mundo, de aproximarse a lo desconocido, a lo sagrado, a lo inabarcable. Se avocó a esto con pasión desmedida y con absoluto rigor.

El recorrido de su poética empieza desde un punto externo, hermético, conceptual para ir adentrándose en los laberintos de su propio cuerpo-casa, de su cotidianidad. Caminó su vida con los pies descalzos, y el pecho abierto atendiendo al fuego de la poesía. “La poesía le llega a uno como llega el amor o la fiebre” 2.

Consagró muchos años de devoción a la lectura y traducción de Rainer María Rilke, una de sus “voces tutelares”, como lo diría alguna vez María Fernanda Palacios. Su poeta de la religiosidad, uno de los más fundamentales en su vida. Veintitrés años le tomó a Hanni entenderlo y escribirle unas cuartillas. Puedo imaginarla, leyéndolo cada noche, desentrañando signos y pausas.

La muerte transpira en su poesía, no sólo como acontecimiento físico, sino como despojo, perdida, abandono. El fallecimiento de su madre pasaría a ser un evento que marcaría su existencia y la pondría en contacto prematuro con la enfermedad, la angustia, y el dolor. Dedicó a su madre y al resto de su familia un libro, su libro de la infancia, Casa de agua y de sombras, donde confiesa: “Nunca he visitado su tumba / la llevo”. También escribió “Debo decir aquí con valentía, horror y alegría que la muerte de mi madre fue un desastre para mí, para mis hermanos, para mi padre. Mi padre a la larga enloqueció y a la par de ello me ofreció el más importante roce con la poesía y el arte”3.

El padecimiento de la poeta se hizo eco en cada poema, el dolor late pero también el amor, la pasión, la locura, la embriaguez, el deseo. La poesía se abre paso como revelación, como “una entrega al tanteo”. La religiosidad de su universo poético y su entrada a la nocturnidad donde nacen las palabras nos invita a detenernos ante el silencio con atención, con apertura, con sensibilidad, hacer del encuentro poético un espacio para la escucha, para el sentir y para la reflexión desde la “lentitud para entregarse al eros de la poesía, que no es tiempo sino duración, un instante irreal que se prolonga en la carne y en el alma. Ánima.”4

Tal como ella le rezaba a Borges con fervor, yo le rezo cada noche, como intentando en la lectura, recrear esa voz tenue, esa danza silenciosa de sus manos en la búsqueda siempre inabarcable de la poesía.

1 Ossott, H. (2005) Cómo leer poesía. Ensayos obre literatura y arte. Bid & Co Editores: Venezuela

2 Ossott, H. (2008). Obras completas. Bid & Co Editores: Venezuela

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Andrea dice:

    “Nunca he visitado su tumba / la llevo”. Sin duda una gran poeta.

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  2. jesusvisual dice:

    Extraordinario,de verdad ,tardé en leerlo,pero dejame decirte que no esperaba menos de ti.Me impacta la idea de imaginarte rezandole a Hanni cada noche.Un beso.Gracias por compartirlo

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  3. esta es una muy buena invitación a leerla. un abrazo querida poeta

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