Para el narrador portugués José Luís Peixoto la escritura es como una partida de póker

por Diana Moncada

José Luís Peixoto nació cinco meses después de que la Revolución de los Claveles pusiera fin a la dictadura que azotó a Portugal por casi 50 años. Sin vivirla en carne propia, él es una continuidad de ese proceso.

Sus padres emigraron a Francia donde nacieron sus hermanas y volvieron a Portugal cuando el régimen acabó, lo cual devino en que el nacimiento de Peixoto fuese en Galveias, un pequeño pueblo de un poco más de mil habitantes.

En ese sentido, la ruralidad de su tierra natal, el peso de la tiranía no vivida y la emigración fueron determinantes para la configuración de su visión del mundo, así como también para el motor de búsqueda con el que abordó el oficio de la escritura.

“El hecho de que no viví esa realidad tiene una importancia muy grande para mí. Por ejemplo, algunas novelas que escribí me dieron la oportunidad y la distancia para escribir sobre situaciones que por el hecho de no haberlas vivido personalmente, siento que tuve y tengo una disposición distinta porque son situaciones muy traumáticas, como la guerra y la emigración”, contó.

Peixoto recordó que, entre los años 1960 y 1974, un millón y medio de portuguesas y portugueses emigraron a Francia, lo cual representó la movilización de aproximadamente 15% del total de la población. Este desplazamiento masivo que tanto impacto ha tenido para el escritor es precisamente el contexto en el que se desarrolla su penúltima novela llamada Libro (2012).

“Hubo pueblos, sobre todo en el norte, que se quedaron sin nadie y 50 años después esta novela es la primera que realmente habla directamente de eso. Es increíble que sea necesario tanto tiempo para que una novela trate este tipo de asuntos, pero esa también es una señal de que es una situación muy difícil y traumática”, expresó el escritor.

Peixoto al recordar esto trae a colación una frase que pronunció el dictador António de Oliveira Salazar en relación con aquellos desplazamientos: “Estamos orgullosamente solos”.

Esta es su “prehistoria”, como el mismo Peixoto la llama. Un peso que lleva el narrador en los hombros como su marca de nacimiento. “Los escritores siempre están conectados con la historia, no puede ser de otra manera, porque la naturaleza de las palabras está en el significado que tienen en su precisa realidad”, expresó el narrador portugués.

LOS LIBROS Y LAS LECTURAS

 

Galveias, durante la infancia de Peixoto, era un pueblo que no tenía bibliotecas, ni escritores reconocidos, ni lugares a los que ir a leer. Sin embargo, mensualmente aparecía un auto lleno de libros en la plaza principal: la biblioteca itinerante que Peixoto supo aprovechar muy bien. Por otro lado, su asistencia al colegio –que quedaba en un pueblo aledaño a 15 km de Galveia– fortaleció su hábito de lectura porque allí había una biblioteca fija. Desde entonces los libros ocupan un espacio fundamental en su vida.

“Los libros existen sobre todo en el pensamiento y en la sensibilidad de quien los lee. Los libros tienen la posibilidad de cambiar el pensamiento. Te dan la oportunidad de mirar el mundo desde una perspectiva que no es la tuya”, expresó.

Con mucha curiosidad y desde esos dos medios comenzó Peixoto a entrar en contacto con sus primeras lecturas, las más importantes para él. Y ya en su adolescencia imitaba a los autores que leía, escribiendo sobre las complejidades de la pubertad: los primeros amores, las desilusiones. Esa era su forma de darles orden a todos los cambios e incertidumbres que le deparó esa difícil etapa.

“Sin lectura no se puede construir un escritor. No siento mucha necesidad de escribir todos los días, pero necesito leer todos los días, porque además leer es una forma de escribir también. Leer es una manera de escribir lo que nunca escribirías”, dijo.

Leer es una manera de escribir lo que nunca escribirías”

Cuando aún era un joven envió textos a un periódico portugués que publicaba relatos y poemas. Al salir pu- blicados, Peixoto se sorprendió mucho de ver su nombre, su texto y la palabra Galveias abajo. “Fue muy impactante. Pensé: Algo que escribí en mi habitación ahora está ahí disponible para todos. De allí nunca más dejé de escribir”, confesó.

Precisamente en el espacio de la publicación es donde reside la responsabilidad del escritor, según Peixoto. “Cuando publicas, estás diciendo que lo que escribiste tiene cierto valor y puede ser conocido por todos. La gente está allí con su vida y yo vengo a regalarles mi libro porque creo que vale la pena que pasen horas de su vida leyendo esas palabras y pensando en ese mundo. Y eso es un poco atrevido”, dijo.

En esta relación autor-lector, este último tiene una importancia tan importante que sin él la literatura no existiera: “Los que leen son autores también, porque son ellos los que van a llenar de significado las palabras”.

Fundamentalmente, los escritores de cabecera de Peixoto cuyas obras marcaron su vida y su pensamiento desde temprana edad son Fernando Pessoa, José Saramago, Miguel Torga y António Lobo Antunes.

ESCRITURA A TIEMPO COMPLETO

 

A los 21 años, Peixoto era estudiante de la carrera de Lenguas y Literaturas Modernas (inglés y alemán) en la Universidade Nova de Lisboa. Y a esa edad escribió su primera novela, Te me moriste , sobre el luto y la muerte de su padre. Este texto fue publicado después que salió a la luz la novela Nadie nos mira.

Con Nadie nos mira, Pexioto ganó el Premio Literario José Saramago. “Fue un cambio muy grande en mi vida porque el premio es muy importante en Portugal. Además, Saramago es un gran escritor portugués, muy admirado por mí, y que fue muy gentil y generoso conmigo. Las cosas comenzaron a cambiar mucho porque Saramago hizo que mis libros ganaran más lectores y al mismo tiempo que los tradujeran a otras lenguas”, recordó. El mayor cambio que suscitó este premio fue que Peixoto abandonó la docencia y se dedicó de lleno a la escritura.

“Las novelas son como peldaños en la vida para mí. Desde que empecé a publicar libros, miro mi pasado y lo ordeno por las novelas que escribí. Cada una de ellas es algo muy fuerte en lo que estaba inserto en ese momento, algo que tenía una certeza muy honda y merecía expresión”, admitió.

¿UNO O VARIOS TEMAS?

 

Para algunos escritores es necesario explorar diversos temas para evolucionar. Otros creen que la literatura debe nacer de una obsesión, un tema que se repite en todas las obras, de distintas formas. Peixoto se encuentra entre estas dos posibilidades. Por un lado intenta buscar nuevas formas para decir, aunque asegura que no es nada fácil, pero al mismo tiempo habla de una limitación de ese decir.

“Algunas veces –manifestó– mi punto de partida es una idea y me parece completamente distinta de las que ya he trabajado, pero después cuando voy a desarrollarla observo que ya estoy volviendo a los mismos temas. Por eso pienso que cuando uno es verdadero con lo que tiene para decir no hay una enorme cantidad de temas que se tenga capacidad de trabajar. Es limitado lo que uno consigue aprender y lo que uno piensa que tiene suficiente importancia para compartirlo con toda la gente, que es lo que ocurre cuando uno publica un libro: lo torna público”.

Peixoto piensa que explotando esas mismas cuestiones o intereses del escritor puede llegarse a nuevas reflexiones que generan una evolución de la escritura.

EL TALLER

 

El autor portugués identifica dos fases en su rutina de escritura. La primera fase es el momento de la fantasía, cuando construye la historia en la cabeza. “Es un momento muy placentero porque es cuando las novelas pueden ser todo lo que quieras. Todo es posible.

Es un momento de extrema libertad, de delirio, divagación y de alguna locura, porque hay que poner todas las posibilidades y viajar en ellas. Pero ese momento tendrá que llegar a conclusiones y decisiones, y es allí cuando ya se puede comenzar a escribir realmente”, describió.

En esta fase Peixoto cree que es maravilloso viajar y conocer gente porque todo nutrirá esa realidad en formación. La segunda fase corresponde a la concreción de esas ideas etéreas.

“Cuando comienzo a escribir ya no todo es posible, ya se empieza a delimitar el mundo de la novela. En la novela Nadie nos mira hay un personaje que en español puede llamarse ‘El hombre que está escribiendo encerrado en un cuarto sin ventanas’. Y ese para mí es el lugar ideal. Para escribir, el mejor paisaje es una pared y papel o un ordenador. Es importante estar sumergido en ese mundo y para eso no debe haber distracciones. Para mí el ideal es tranquilidad y sobre todo mucho tiempo sin nada que hacer, sin gente llamándome, sin compromisos, tiempo para encontrar esas palabras, para edificar ese mundo”, explicó Peixoto.

Para escribir, el mejor paisaje es una pared y papel o un ordenador”

Sin embargo, el narrador piensa que es necesario un balance en esta última fase. Interrumpir ese encierro para oxigenar la novela, para tomar distancia con lo que se escribió y para buscar nuevas ideas resulta muchas veces necesario.

Por otro lado, durante el proceso de escritura Peixoto cree que es fundamental “atender a las voces que te habitan porque muchas veces la cotidianidad tiene tantas distracciones, solicitaciones, que pierdes ese espacio, pierdes la consciencia de lo que tienes adentro”. Ese es el espacio de la escritura, según Peixoto, quien además piensa que ninguna obra literaria está exenta de aguardar en sí elementos autobiográficos.

Los personajes de sus narraciones nacen de su conocimiento y relación con personas que conoció o conoce, y también de cómo imagina a esas personas. “Pero muchas veces en esos libros que están más ligados a mi región natal, los personajes son una oportunidad para homenajear a personas concretas que me parece que lo necesitan, porque no son los grandes héroes de la historia, pero me parece que son héroes sin nombre. Sus historias y sus vidas me tocan mucho y siento necesidad de darles esa otra vida para que la gente pueda conocerlos y acercarse a esa sabiduría”, reveló el escritor.

Para Peixoto el acto de escribir implica una batalla consigo mismo, “para buscar la verdad, uno tiene que buscar, en primer lugar, su propia verdad y los otros al mirar eso, muchas veces, se miran a sí mismos”, atisbó a decir, quien piensa en la escritura como una partida de póker, en la que se piensa en la trama que se escribe, al mismo tiempo que en el otro y en lo que este piensa de lo propuesto. Un juego de espejos en el que las lectoras y los lectores están siempre presente.

*Este texto salió publicado en el diario Correo del Orinoco el sábado 5 de diciembre de 2015. La versión original puede leerse aquí http://www.correodelorinoco.gob.ve/comunicacion-cultura/para-narrador-portugues-jose-luis-peixoto-escritura-es-como-una-partida-poker/

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