Valentina, ¿a qué sabe la piel de la inmensidad? *

A Valentina Tereshkova

 

“Ciégate para siempre: también la eternidad está llena de ojos”

Paul Celan

 

Valentina, ¿de qué color es el infinito? ¿a qué huele el himen abierto de una galaxia que se mira a sí misma?

No mientas. Sé que tratas de olvidar porque lo inmenso sigue siendo insoportable. Tú que subiste al espacio, completamente sola, en una hojalata voladora y miraste la lengua azul de la tierra, dime ¿cómo suenan los temblores del sol?

Domingo 16 de junio de 1963. Tu nombre era La Gaviota. Te preparaste durante un año para superar todo tipo de pruebas. Tu cuerpo desafió el espacio del hombre. Tu cuarto propio se instaló en la contemplación donde lo oscuro es lo eterno.

La pequeñez del planeta te conmovió. Su vulnerabilidad brilló ante tus ojos como un talismán extraño. Allí estuvieron la tierra y tú, frente a frente, durante una guerra absurda sintiendo la insignificancia, el placer de ser un punto perdido en las fauces del infinito.

Tu vida terminó por convertirse en una escala luminosa de saltos. Primero desde el cerezo de Yaroslavl. Después desde el paracaídas que aprendiste a manipular para besar el cielo. El tercer salto te llevó al espacio exterior. El último será hacia Marte. Tu vuelo no tendrá regreso, pero lo sabes. Es tu deseo.

Valentina, nárrame los sueños que tuviste al descender. Si los sueños no te desnudaron en la nave fue porque el corazón es una ilusión terrestre.

Quiero que me aturdas con el movimiento imperceptible de la velocidad. Háblame en el idioma de los que llevan las alturas en los ojos.

En el viaje, tu lenguaje ha sido herido por las agujas de la incandescencia. Muéstrame las marcas. Quienes besaron la curva de lo eterno jamás podrán ocultar la grieta.

Simulemos un despegue hacia Marte y descansemos en la orilla de las imágenes más inverosímiles. La trayectoria del silencio te llevará hacia el núcleo donde florece el aleteo original. Llevarás el tacto de un Abedul y un libro de poemas indescifrable.

Créeme, Valentina, cuando te digo que los números son el susurro de tu viaje hacia el ombligo rojo de la Vía Láctea. No lo entenderás hasta que abandones el orden de la palabra inicial.

Tu cabeza ya no necesita arder entre líneas azules. Aprenderás que la inmovilidad de tu cuerpo es el mejor puente hacia la implosión de todas las estrellas juntas.

No tienes ochenta años, Valentina. Tus edades son las 48 vueltas que diste alrededor de la tierra en la soledad más extrema.

Durante tres días fuiste la mujer más sola del planeta. Por eso, respóndenos, a nosotras que estamos tan rotas, ¿a qué sabe la piel de la inmensidad?

 

Valentina Tereshkova fue la primera mujer en volar al espacio exterior y la única en hacerlo completamente sola. Tenía 26 años cuando despegó el 16 de junio de 1963 en la nave Vostok-6, enviada por la agencia espacial soviética, para darle 48 vueltas a la tierra en tres días. La misión tenía como objeto estudiar si las mujeres tenían la misma resistencia que los hombres a las condiciones físicas y psicológicas del viaje espacial. Fue seleccionada entre cuatrocientas mujeres y preseleccionada entre cinco. De paracaidista aficionada dio un salto a la ingeniería espacial.

* Este ejercicio literario fue publicado originariamente en el blog Pasajera en trance de La Mula en junio de 2017.

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