Apuntes sobre Al filo de la medianoche de Miyó Vestrini *

 

“La entrevista es un acto sexual, caminar el ser de otra persona, traspasar sus zonas claras y oscuras, descubrir sus máscaras, retirarlas y dejar que ese personaje ‘represente su vida”

Nelson Hippolyte

La obra periodística de Miyó Vestrini es tan extensa y versátil como desconocida. La fugacidad ingrata del diarismo ha contribuido en gran medida a que una de las plumas más destacadas del periodismo nacional no haya sido, revisada y estudiada con el propósito de atisbar su aporte en la consolidación del periodismo cultural venezolano.

Entre los años 1980 y 1981, Miyó Vestrini publicó en el Papel Literario[1]del diario El Nacional, un conjunto de textos bajo el nombre de Al filo de la medianoche, columna que aparecía de manera irregular en aquellas páginas legendarias, alimentadas por escritores e intelectuales de la talla de Salvador Garmendia (con su columna La vida buena), Ludovico Silva, Luis Britto García, Juan Liscano, Juan Carlos Onetti, Tomás Eloy Martínez, Isaac Chocrón (con la columna Señales de tráfico), entre otros no menos importantes. Eran tiempos de gran competitividad, pues el periodismo cultural se había situado en altos estándares de calidad y además existía un florecimiento de diversas y numerosas revistas, suplementos y publicaciones culturales que ofrecían a los lectores una gran y variada oferta editorial especializada en literatura, artes y ciencia.

Para ese entonces Vestrini había acumulado una sobrada experiencia y una trayectoria como periodista cultural intachable en diversos medios de comunicación como Diario de Occidente, La República y El Nacional, demostrando su audacia e inteligencia y siendo acreedora del Premio Nacional de Periodismo en dos oportunidades (1967 y 1979). De manera que un proyecto como columnista suponía un hecho de relevada importancia, entre otras razones, por las licencias discursivas y de creación que un género de opinión como este permite a quien escribe, sumándole a su ejercicio, una mayor libertad de experimentación con el lenguaje y la forma.

Para esta edición fueron seleccionados catorce textos de Al filo de la medianoche y dos más aparecidos en Papel Literario dentro del marco temporal de los anteriores, con el mismo tono y propuesta periodística. Todos los textos son entrevistas a escritores e intelectuales venezolanos, presentados en una estructura narrativa poco convencional en cuanto al género se refiere. Los mismos se inscriben dentro de lo que Montse Quesada (2008, p. 128), llama entrevista literaria, cuyas características principales van desde la presentación del personaje bajo una mirada distinta con la que habitualmente es visto en el medio donde se mueve, a la proposición de una nueva dimensión estética del texto, nutrido por los recursos literarios de la narración, hasta la asunción del factor subjetivo “como mediador de la conversación” que ofrece al lector “una multiplicidad de interpretaciones, una pluralidad de lecturas”.

En este sentido, ante la tendencia obsesiva del género de la entrevista por reconstruir al personaje como un héroe o personaje épico, centrándose en una cronología de trayectorias exitosas e inventarios de logros y famas, Miyó Vestrini deconstruye a los personajes, los interpela, los confronta, los hace titubear y los presenta en todas sus contradicciones humanas, dudas y devaneos. Más que recrear a un personaje para admirar, como si fuese una pieza arqueológica de museo, la periodista lo devela en la complejidad de la existencia con sus errores, arrebatos y desamparos. Es esa su ética de la entrevista: presentar al personaje lo más honestamente posible sin preciosismos y sin pretensiones de levantar verdades inquebrantables.

Asimismo, Vestrini intenta abolir ciertos mitos y afirmaciones legitimadas en el contexto mediático que han caracterizado a los personajes entrevistados, para reactualizar y poner al día los cambios de opiniones e ideas de los mismos, haciendo eco de la crítica literaria, círculo de escritores, jurados o el público en general, en la oportunidad de que el personaje se confronte con las diversas impresiones que los otros tienen sobre sí o sobre su obra.

En cada una de las entrevistas, hace uso de los mecanismos ficcionales, incorporándose dentro del texto como narradora, autoconfiriéndose cualidad de personaje, incluyéndose, en palabras de la investigadora literaria Alicia Rueda Acedo (2008, p. 142), “como una de las voces del trabado polifónico que en ella se presenta”. De esta manera, la autora-entrevistadora, en su calidad de personaje, deja entrever en algunos textos su propio carácter frontal, avasallante, y en algunos casos sus prejuicios, opiniones y dudas, exponiéndose a sí misma como un personaje más en la entrevista que actúa, piensa y se hace preguntas. Rompe así, con la estrechez del estilo periodístico apegado a las normas de la objetividad, y no se somete a las cadenas impuestas por el imperativo de la actualidad que supone la entrevista tradicional. Esto da como resultado textos que perviven sin perder vigencia por su carácter atemporal.

Vestrini no compite en el texto con el personaje, al contrario lo hace sonar con su propio ritmo. En una entrevista realizada por el también periodista cultural Pablo Antillano, la escritora declaró: “Tengo una tesis muy vieja que siempre he defendido… Lo más importante es el personaje y no el periodista. Lo importante es que el personaje diga, hable de sus cosas más secretas. El periodista debe quedar un poco en la sombra” y completa afirmando “En muchos casos los periodistas están tan fascinados con la elaboración de sus propias preguntas que no oyen las respuestas”

Por otra parte, haciendo uso de la “facultad performativa de la interrogación”, tal como lo define Leonor Arfuch en El espacio biográfico (2012, p. 124)[2], y con conocimiento de los lugares comunes y posibles recorridos biográficos acostumbrados en el género de la entrevista, Vestrini logra en muchas ocasiones romper con las secuencias discursivas lineales, dislocando la dirección de la entrevista a favor de generar situaciones inesperadas, no controladas por el entrevistado, algunas veces incómodas, logrando extraer de las mismas, reacciones, gestos y palabras verdaderamente espontáneas que perfilan con mayor honestidad la personalidad de los mismos. Esto supone un hallazgo importante en el marco de un encuentro tan cuidado y mesurado (por ambas partes), donde el entrevistado prepara muchas veces un guión preestablecido para dar respuesta ante ciertos temas que son de obligada estación en el género: la infancia, la trayectoria de la profesión, vocación, etc. Vestrini recorre algunos de estos temas pero a su vez los utiliza de trampolín para alcanzar su objetivo: penetrar en las zonas más conflictivas de los personajes.

Producto de la confrontación, los textos de la periodista ganan tensión dramática. Ella pone el acento allí, donde emerge un gesto o una palabra auténtica del personaje, aún cuando estos sean dolorosos, contradictorios, disparadores de discusiones. La entrevistadora propicia el desborde del encuentro, llega a lo que Hippolyte (1993) denomina el clímax de la entrevista.

La descripción de los escenarios donde acontece el encuentro con los personajes, el uso de la anécdota como recurso que ofrece pinceladas sobre el carácter de los mismos, el registro de las reacciones, entonaciones de la voz y lenguaje gestual, inclusive la presentación, en ocasiones, de breves esbozos definitorios en clave poética, son algunos de los recursos narrativos usados por la periodista para introducir la entrevista, bajo la estructura de: entradilla, preguntas-respuestas y cierre, que la mayoría de las veces concluye con una respuesta del personaje que da por terminado el encuentro.

Con estas entrevistas literarias Miyó Vestrini dio el paso hacia arenas más movedizas, una fase de su obra, en la que el periodismo y la literatura comienzan a entrecruzarse. Hasta ahora, la escritora se había apegado a la redacción periodística y es con la columna que comienzan a materializarse nuevas búsquedas. Publica Isaac Chocrón frente al espejo, un libro híbrido, biográfico, que tiene como hilo conductor la entrevista, pero que desemboca en el relato, el texto dramático, el monólogo y hasta el género epistolar. Conversa más tarde, con el poeta Armando Rojas Guardia y acuerdan comenzar encuentros para la escritura de un libro bajo la misma perspectiva (Díaz, 2008). Trabaja en el libro Salvador Garmendia, pasillo de por medio, una obra donde además de todo lo explorado a nivel narrativo con el libro anterior, entrelaza sus propias memorias con las del escritor barquisimetano, perfilando así una propuesta periodístico-literaria única en su estilo dentro del periodismo cultural venezolano.

Estas entrevistas marcan el inicio de un nuevo proceder con respecto a sus anteriores trabajos, dan cuenta por un lado, de su determinación y excelencia, su sensibilidad ante la complejidad humana, su amplísimo conocimiento y comprensión del panorama cultural de su tiempo, su maestría como entrevistadora, nada complaciente. Y por el otro, ofrecen el testimonio de su tiempo en la voz de estos creadores, recogiendo en sus trabajos parte de nuestra memoria como país.

Alfilo

Foto de Ediciones Letra Muerta

* Este texto es la introducción del libro Al filo, entrevistas de Miyó Vestrini (1980-1981) publicado por el sello editorial Letra Muerta, aproximaciones de un trabajo mucho más extenso que he venido desarrollando en torno a la obra periodística de esta extraordinaria escritora.

[1]Para ese entonces el Papel Literario circulaba los domingos, con un centimetraje de cuatro páginas tamaño estándar dentro del Cuerpo E, ambos dirigidos por Luis Alberto Crespo, coordinados por Teresa Alvarenga y diseñados por Víctor Hugo Irázabal. El cuerpo E, se dedicada a las artes, el cine, la danza, el teatro y la comunicación, mientras el Papel literario abordaba la literatura y la filosofía.

[2] Arfuch se refiere al acto ritualizado de la entrevista sostenido sobre su valor ilocutorio (Austin) que concierne a la relación entre los interlocutores y se construye a partir del derecho y casi la obligación del entrevistador a preguntar y del entrevistado a responder.

Referencias

Antillano, P. (1980, 29 de septiembre). Entrevista a Miyó Vestrini: “Lo ideal es vivir con el personaje”. El Nacional, p. C-21.

Arfuch, L (2010). El espacio biográfico. Dilemas de la subjetividad contemporánea. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Díaz, M (2008). Miyó Vestrini. Caracas: Editora El Nacional

Hippolyte, N (1992). Para desnudarte mejor. Realidad y ficción en la entrevista. Caracas: Monte Ávila Editores

Quesada, M (2008) Una cita para entreverse: en torno a la entrevista. Boletín Hispánico Helvético. Vol 12. (123-137)

Rueda-Acedo, A. (2008) De la mirada al texto: La entrevista literaria en Elena Poniatowska. América sin nombre. N. 11-12 (dic. 2008), pp. 141-147

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Para el narrador portugués José Luís Peixoto la escritura es como una partida de póker

por Diana Moncada

José Luís Peixoto nació cinco meses después de que la Revolución de los Claveles pusiera fin a la dictadura que azotó a Portugal por casi 50 años. Sin vivirla en carne propia, él es una continuidad de ese proceso.

Sus padres emigraron a Francia donde nacieron sus hermanas y volvieron a Portugal cuando el régimen acabó, lo cual devino en que el nacimiento de Peixoto fuese en Galveias, un pequeño pueblo de un poco más de mil habitantes.

En ese sentido, la ruralidad de su tierra natal, el peso de la tiranía no vivida y la emigración fueron determinantes para la configuración de su visión del mundo, así como también para el motor de búsqueda con el que abordó el oficio de la escritura.

“El hecho de que no viví esa realidad tiene una importancia muy grande para mí. Por ejemplo, algunas novelas que escribí me dieron la oportunidad y la distancia para escribir sobre situaciones que por el hecho de no haberlas vivido personalmente, siento que tuve y tengo una disposición distinta porque son situaciones muy traumáticas, como la guerra y la emigración”, contó.

Peixoto recordó que, entre los años 1960 y 1974, un millón y medio de portuguesas y portugueses emigraron a Francia, lo cual representó la movilización de aproximadamente 15% del total de la población. Este desplazamiento masivo que tanto impacto ha tenido para el escritor es precisamente el contexto en el que se desarrolla su penúltima novela llamada Libro (2012).

“Hubo pueblos, sobre todo en el norte, que se quedaron sin nadie y 50 años después esta novela es la primera que realmente habla directamente de eso. Es increíble que sea necesario tanto tiempo para que una novela trate este tipo de asuntos, pero esa también es una señal de que es una situación muy difícil y traumática”, expresó el escritor.

Peixoto al recordar esto trae a colación una frase que pronunció el dictador António de Oliveira Salazar en relación con aquellos desplazamientos: “Estamos orgullosamente solos”.

Esta es su “prehistoria”, como el mismo Peixoto la llama. Un peso que lleva el narrador en los hombros como su marca de nacimiento. “Los escritores siempre están conectados con la historia, no puede ser de otra manera, porque la naturaleza de las palabras está en el significado que tienen en su precisa realidad”, expresó el narrador portugués.

LOS LIBROS Y LAS LECTURAS

 

Galveias, durante la infancia de Peixoto, era un pueblo que no tenía bibliotecas, ni escritores reconocidos, ni lugares a los que ir a leer. Sin embargo, mensualmente aparecía un auto lleno de libros en la plaza principal: la biblioteca itinerante que Peixoto supo aprovechar muy bien. Por otro lado, su asistencia al colegio –que quedaba en un pueblo aledaño a 15 km de Galveia– fortaleció su hábito de lectura porque allí había una biblioteca fija. Desde entonces los libros ocupan un espacio fundamental en su vida.

“Los libros existen sobre todo en el pensamiento y en la sensibilidad de quien los lee. Los libros tienen la posibilidad de cambiar el pensamiento. Te dan la oportunidad de mirar el mundo desde una perspectiva que no es la tuya”, expresó.

Con mucha curiosidad y desde esos dos medios comenzó Peixoto a entrar en contacto con sus primeras lecturas, las más importantes para él. Y ya en su adolescencia imitaba a los autores que leía, escribiendo sobre las complejidades de la pubertad: los primeros amores, las desilusiones. Esa era su forma de darles orden a todos los cambios e incertidumbres que le deparó esa difícil etapa.

“Sin lectura no se puede construir un escritor. No siento mucha necesidad de escribir todos los días, pero necesito leer todos los días, porque además leer es una forma de escribir también. Leer es una manera de escribir lo que nunca escribirías”, dijo.

Leer es una manera de escribir lo que nunca escribirías”

Cuando aún era un joven envió textos a un periódico portugués que publicaba relatos y poemas. Al salir pu- blicados, Peixoto se sorprendió mucho de ver su nombre, su texto y la palabra Galveias abajo. “Fue muy impactante. Pensé: Algo que escribí en mi habitación ahora está ahí disponible para todos. De allí nunca más dejé de escribir”, confesó.

Precisamente en el espacio de la publicación es donde reside la responsabilidad del escritor, según Peixoto. “Cuando publicas, estás diciendo que lo que escribiste tiene cierto valor y puede ser conocido por todos. La gente está allí con su vida y yo vengo a regalarles mi libro porque creo que vale la pena que pasen horas de su vida leyendo esas palabras y pensando en ese mundo. Y eso es un poco atrevido”, dijo.

En esta relación autor-lector, este último tiene una importancia tan importante que sin él la literatura no existiera: “Los que leen son autores también, porque son ellos los que van a llenar de significado las palabras”.

Fundamentalmente, los escritores de cabecera de Peixoto cuyas obras marcaron su vida y su pensamiento desde temprana edad son Fernando Pessoa, José Saramago, Miguel Torga y António Lobo Antunes.

ESCRITURA A TIEMPO COMPLETO

 

A los 21 años, Peixoto era estudiante de la carrera de Lenguas y Literaturas Modernas (inglés y alemán) en la Universidade Nova de Lisboa. Y a esa edad escribió su primera novela, Te me moriste , sobre el luto y la muerte de su padre. Este texto fue publicado después que salió a la luz la novela Nadie nos mira.

Con Nadie nos mira, Pexioto ganó el Premio Literario José Saramago. “Fue un cambio muy grande en mi vida porque el premio es muy importante en Portugal. Además, Saramago es un gran escritor portugués, muy admirado por mí, y que fue muy gentil y generoso conmigo. Las cosas comenzaron a cambiar mucho porque Saramago hizo que mis libros ganaran más lectores y al mismo tiempo que los tradujeran a otras lenguas”, recordó. El mayor cambio que suscitó este premio fue que Peixoto abandonó la docencia y se dedicó de lleno a la escritura.

“Las novelas son como peldaños en la vida para mí. Desde que empecé a publicar libros, miro mi pasado y lo ordeno por las novelas que escribí. Cada una de ellas es algo muy fuerte en lo que estaba inserto en ese momento, algo que tenía una certeza muy honda y merecía expresión”, admitió.

¿UNO O VARIOS TEMAS?

 

Para algunos escritores es necesario explorar diversos temas para evolucionar. Otros creen que la literatura debe nacer de una obsesión, un tema que se repite en todas las obras, de distintas formas. Peixoto se encuentra entre estas dos posibilidades. Por un lado intenta buscar nuevas formas para decir, aunque asegura que no es nada fácil, pero al mismo tiempo habla de una limitación de ese decir.

“Algunas veces –manifestó– mi punto de partida es una idea y me parece completamente distinta de las que ya he trabajado, pero después cuando voy a desarrollarla observo que ya estoy volviendo a los mismos temas. Por eso pienso que cuando uno es verdadero con lo que tiene para decir no hay una enorme cantidad de temas que se tenga capacidad de trabajar. Es limitado lo que uno consigue aprender y lo que uno piensa que tiene suficiente importancia para compartirlo con toda la gente, que es lo que ocurre cuando uno publica un libro: lo torna público”.

Peixoto piensa que explotando esas mismas cuestiones o intereses del escritor puede llegarse a nuevas reflexiones que generan una evolución de la escritura.

EL TALLER

 

El autor portugués identifica dos fases en su rutina de escritura. La primera fase es el momento de la fantasía, cuando construye la historia en la cabeza. “Es un momento muy placentero porque es cuando las novelas pueden ser todo lo que quieras. Todo es posible.

Es un momento de extrema libertad, de delirio, divagación y de alguna locura, porque hay que poner todas las posibilidades y viajar en ellas. Pero ese momento tendrá que llegar a conclusiones y decisiones, y es allí cuando ya se puede comenzar a escribir realmente”, describió.

En esta fase Peixoto cree que es maravilloso viajar y conocer gente porque todo nutrirá esa realidad en formación. La segunda fase corresponde a la concreción de esas ideas etéreas.

“Cuando comienzo a escribir ya no todo es posible, ya se empieza a delimitar el mundo de la novela. En la novela Nadie nos mira hay un personaje que en español puede llamarse ‘El hombre que está escribiendo encerrado en un cuarto sin ventanas’. Y ese para mí es el lugar ideal. Para escribir, el mejor paisaje es una pared y papel o un ordenador. Es importante estar sumergido en ese mundo y para eso no debe haber distracciones. Para mí el ideal es tranquilidad y sobre todo mucho tiempo sin nada que hacer, sin gente llamándome, sin compromisos, tiempo para encontrar esas palabras, para edificar ese mundo”, explicó Peixoto.

Para escribir, el mejor paisaje es una pared y papel o un ordenador”

Sin embargo, el narrador piensa que es necesario un balance en esta última fase. Interrumpir ese encierro para oxigenar la novela, para tomar distancia con lo que se escribió y para buscar nuevas ideas resulta muchas veces necesario.

Por otro lado, durante el proceso de escritura Peixoto cree que es fundamental “atender a las voces que te habitan porque muchas veces la cotidianidad tiene tantas distracciones, solicitaciones, que pierdes ese espacio, pierdes la consciencia de lo que tienes adentro”. Ese es el espacio de la escritura, según Peixoto, quien además piensa que ninguna obra literaria está exenta de aguardar en sí elementos autobiográficos.

Los personajes de sus narraciones nacen de su conocimiento y relación con personas que conoció o conoce, y también de cómo imagina a esas personas. “Pero muchas veces en esos libros que están más ligados a mi región natal, los personajes son una oportunidad para homenajear a personas concretas que me parece que lo necesitan, porque no son los grandes héroes de la historia, pero me parece que son héroes sin nombre. Sus historias y sus vidas me tocan mucho y siento necesidad de darles esa otra vida para que la gente pueda conocerlos y acercarse a esa sabiduría”, reveló el escritor.

Para Peixoto el acto de escribir implica una batalla consigo mismo, “para buscar la verdad, uno tiene que buscar, en primer lugar, su propia verdad y los otros al mirar eso, muchas veces, se miran a sí mismos”, atisbó a decir, quien piensa en la escritura como una partida de póker, en la que se piensa en la trama que se escribe, al mismo tiempo que en el otro y en lo que este piensa de lo propuesto. Un juego de espejos en el que las lectoras y los lectores están siempre presente.

*Este texto salió publicado en el diario Correo del Orinoco el sábado 5 de diciembre de 2015. La versión original puede leerse aquí http://www.correodelorinoco.gob.ve/comunicacion-cultura/para-narrador-portugues-jose-luis-peixoto-escritura-es-como-una-partida-poker/

El libro como espacio íntimo. Entrevista a la artista visual Elsa-Louise Manceaux

Elsa-Louise Manceaux es una artista visual nacida en Francia y actualmente residenciada en México, país al que llegó inicialmente como pasajera. Pero el gigante azteca la sedujo brindándole un abanico tan rico de posibilidades creativas que decidió quedarse por un tiempo que hoy suman cuatro años.

Como parte de su trabajo plástico – que va desde la pintura, el dibujo, el diseño, el vídeo, la instalación- ha desarrollado una propuesta única y muy personal dentro del género de Libros de Artista y a razón de ese maravilloso trabajo decidí entrevistarla sobre las posibilidades creativas que le ha ofrecido el libro como soporte y objeto estético.

¿Cómo te iniciaste en el mundo del arte?

– Creo que mi primera experiencia impactante con el mundo del arte fue en el 2003, cuando me fui a trabajar un mes en Cittadellarte Fundazione Pistoletto, en Italia. Eso fue antes de ir a la escuela de arte. Nunca había estado en un lugar así, y era muy ingenua. Conocí a Pistoletto, su colección de Arte Povera, a los artistas en residencia. Juntos fuimos a ver la Bienal de Venezia y para mí fue la primera vez que veía tal evento. Lo que vi me pareció impresionante. En cuanto a Cittadellarte, por primera vez estaba en un lugar donde había borrado la frontera entre arte y vida. Solo que en el momento, no me lo podía explicar. Un día, uno de los residentes me dijo que para él Duchamp era el artista más importante de todos. No entendí bien porqué, pero poco tiempo después se me hizo un poco más claro. En esa época tenía 17 años, nunca había pensado que La Fuente de Duchamp pudiera haber tenido tantas consecuencias para el tipo de arte que siguió unas décadas después. De manera general, esa obra dio pie al arte conceptual.

¿Desde cuándo te interesaste en el libro como objeto artístico y espacio de creación?

– La escuela en la cual estudié en Amsterdam tenía talleres de grabado, de tipografía y serigrafía. Muchos diseñadores gráficos trabajaban ahí y muchos hacían libros. Estos talleres me fascinaron de inmediato. Me puse a buscar información sobre libros de artistas y descubrí las ediciones de muchos artistas del movimiento Fluxus, además de los múltiples que hacían las ediciones de Ed Rusha, Marcel Broodthaers, Sol Lewitt. A partir de ese momento tuve un acercamiento al libro mucho más conceptual. Esos intereses me estimularon para finalmente estudiar diseño gráfico/editorial, con el fin de poder hacer mis propios libros. Desde entonces libros y publicaciones han sido parte de mi producción como artista.

<i>Left</i>: Meiro Koizumi <i>Right</i>: Menelaos Kouroudis

Caniche #1, 2014. Colaboraciones de Meiro Koizumi -a la izquierda-
y de Menelaos Kouroudis -a la derecha-.

¿Qué posibilidades expresivas y plásticas encuentras en el libro como soporte?

– El libro posibilita un factor tiempo muy interesante, permite transmitir información con un ritmo distinto, a través de una multitud de posibilidades formales: decisiones de cambios de tamaño, de técnicas de impresión, narrativas no-lineales, juegos de repetición, contrastes entre lo vacío y lo lleno, la simetría del libro, etc. Todo esto permite un juego de mediación entre el objeto y el espectador. Se empieza a desarrollar un tiempo infinito entre dos láminas que significan principio y fin, pero que a la vez no tienen un tiempo definido como en el cine, por ejemplo. El libro tiene la particularidad de comunicar de manera individual. Es un medio para ser experimentado en soledad. Y creo que esa naturaleza del libro genera también una intimidad muy particular que observo en muchos libros de artistas.

En cuanto a la relación con el espacio, todavía existe una interrogación alrededor del libro, no solo como contenedor, sino como exposición. Hay un desdoblamiento: la organización de la información sobre la hoja misma y el arreglo entre las páginas; y por otro lado, el libro como objeto de exposición, su presentación en el espacio. En ese sentido el libro de artista es un ouroboros, una serpiente mordiéndose la cola. Todo esto depende de cómo uno se acerca a la producción y manufactura de un libro: ¿es una edición única/muy pequeña y hecha a mano, o está diseñado e impreso, con un tiraje más amplio? ¿Se muestra, o se distribuye?

¿Cómo valoras la situación de la edición del libro de artista en tu país de origen y en México, donde resides actualmente?

– Creo que por un lado existe una historia más antigua en Europa de la producción de libros. Me parece significante pensar que se inventó la imprenta tipográfica en Alemania. También pienso en los libros de William Blake, en las revistas dadaístas y las posibilidades enormes que generó la revolución industrial para los artistas. Se fomentaron en Europa obras que influyeron la producción del libro de artista en América Latina — en el caso de Chile, por ejemplo, existe el caso interesante de sus poetas, pero se admite que Altazor de Vicente Huidobro es una producción declarada surrealista, totalmente influida por el círculo surrealista europeo de esa época—. Y a la vez, hay que recordar que fue el artista mexicano Ulises Carrion quien abrió uno de los primeros centros internacionales dedicado a la exposición y distribución de libros de artista, solo que lo hizo en Amsterdam.

En Europa, he visto el libro de artista pasar por editoriales. Más allá de ser producidos por los mismos artistas o sus galerías ha entrado en la categoría de múltiple, se ha vuelto una edición, es reproducible, y en muchos casos pasa por una relación importante con el diseño gráfico. Pienso en editoriales alemanas y suizas, por ejemplo, quienes han apoyado artistas como Hans Peter Feldman, Christian Boltansky, Fishli & Weiss, etc.

Se podría explicar ese fenómeno así: el libro de artista ha llevado muchas preguntas relativas a la producción artística que a partir de los años 60s se ha expresado mucho a través de la documentación. El libro también se ha vuelto un recurso muy importante para fotógrafos porque para muchos es la mejor manera de presentar su obra. Eso también me parece un caso consecuente con la creación de editoriales dedicadas a libros de artistas en Europa y en Estados Unidos.

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El Quotidiano with Diamonds, 2012

Lo que he observado en México y también en Brasil es que existe todavía un acercamiento más ‘romántico’ con el libro de artista. Lo vi mucho más como algo hecho a mano, un objeto que se vuelve muy precioso, casi intocable a veces, o si no lo he visto más similar a un zine, como algo pequeño, fotocopiado.

En México encuentro pocos espacios y los libros se promueven más a través de ferias que a través de lugares fijos de distribución — aunque recientemente he notado que algo está empezando a pasar, hay lugares como Aeromoto, etc.

Finalmente no sé si valoro uno más qué el otro, pero en el medio de todo esto, queda seguir definiendo que es el libro de artista: ¿Es una producción independiente? ¿Puede ser un libro de artista si sigue el concepto de una editorial? ¿O es un objeto/escultura? etc. Ahí depende de la posición y producción de los artistas ante el libro. Personalmente, pienso que el libro de artista es algo que acompaña un cuerpo de obra más amplio, se produce dentro de un discurso que tiene distintos soportes. Es una etapa para muchos necesaria dentro de la producción artística.

Personalmente, pienso que el libro de artista es algo que acompaña un cuerpo de obra más amplio, se produce dentro de un discurso que tiene distintos soportes. Es una etapa para muchos necesaria dentro de la producción artística.

¿Cómo es tu proceso de creación del libro de artista? ¿Trabajas sobre una idea?, ¿te planteas un tema a explorar o trabajas y luego se cuece la idea?, ¿Cómo sucede?

– Muchos de mis libros vienen de procesos medio largos, pero creo que cada uno fue trabajado de manera distinta. Por ejemplo, El Quotidiano with diamonds fue hecho a manera de un diario donde usé el programa Indesign como herramienta para escribir y ordenar mis observaciones de México. Así poco a poco se fue creando el libro.

Por otro lado Ouroboroses recopila un año de fotografías de instalaciones efímeras hechas a partir de libros, pero al diseñarlo estuve jugando mucho con la espina, las páginas blancas, etc -es decir, el soporte mismo-.

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Ouroboroses, 2009

Otro, Life-Still, fue hecho en colaboración con la artista Aline Weyel, a través de un programa barato que usa la gente para hacer foto-albums de sus vacaciones. Compila imágenes de nuestros archivos visuales, los cuales juntamos en vez de hacer un catálogo para la exposición.

Y últimamente hice cinco libros nuevos hechos especialmente para una instalación, en donde se veían los contenidos de los libros a través del movimiento de las páginas generado por ventiladores rodeando los libros. Estos los hice de manera muy sencilla y rápida, y solo funcionan dentro de la instalación. Entonces para muchos los procesos han dependido de decisiones de diseño, de las formas de distribución, o del contexto en el cual cada libro se va a presentar.

 ¿Podrías hablarnos sobre el libro An amateur’s catalogue? ¿Cómo lo concebiste, cuál es el planteamiento, por qué un catálogo?

An amateur’s catalogue viene de la idea de registrar todas ‘las piezas’ que hice desde la infancia, exhibidas en las casas de mis familiares y amigos. Viajando y tomando las fotos, empecé a cuestionar el estatus de estos objetos y su valor personal. Observé que el valor personal estaba opuesto al valor atribuido a piezas de arte presentadas dentro del ámbito comercial. Por ejemplo, el valor comercial sube por la cantidad de exposiciones en lugares distintos; cuando el valor personal se adquiere por quedarse en el mismo lugar lo más tiempo posible. También observé que los baños se volvieron el cubo blanco de la casa, donde no había otra cosa en las paredes que mi cuadro.

El libro está dividido en tres partes: primero muestra las puras ‘obras’; la segunda parte contiene artículos y escritos; y la última presenta los objetos en “sus lugares de exposiciones” – espacios puramente domésticos-. Organizar el libro de tal manera fue una decisión irónica: por un lado, porque quise poner al lector en una trampa, como si los trabajos fueran hechos por un artista establecido (mientras yo estaba en la escuela de arte).

Por otro lado, el catálogo pretende ser ‘un catálogo de verdad’, porque cuestiona el acto de categorizar los libros en ‘géneros’ y cómo esto determina la manera de cómo uno se acerca a un contenido. El catálogo (como género) valida el contenido presentado porque su misión es precisamente la de conservar información. Automáticamente pretende que los documentos que contiene tienen valor. Además, el catálogo es lo que permite a uno apropiarse de obras de arte que no podría comprarse. Comprar un catálogo es similar a un acto de coleccionar, según mi parecer, y por esto decidí insertar varios artículos sobre el acto de coleccionar y sobre el acto de fotografiar de manera compulsiva obras de arte en exposiciones. Otros artículos hablan de casas de artistas, otros comentan escritos de Walter Benjamin y Georges Perec, trabajos de artistas, y otros relatan algunas de mis experiencias en lugares de exposiciones.

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An amateur’s catalogue, 2008

Últimamente, An amateur’s catalogue es un proyecto con la utopía de crecer y ser reeditado. Tal vez un día volveré a viajar a casas nuevas, para seguir coleccionando mis obras en las casas de los demás, a ver si siguen en los baños.

¿En qué proyectos trabajas actualmente?

– Por un lado dibujo mucho, pero también estoy trabajando en un proyecto editorial llamado Caniche, donde saco una publicación cada año. Mi papel es más de editora/curadora porque invito a 25 artistas internacionales para cada número a contribuir con trabajos nuevos, hechos a partir de retículas vacías de comics que invento, y luego les propongo por medio de una invitación. Cada retícula es distinta para cada uno y a veces las hago de manera específica para un artista en especial. Las prácticas de los artistas van desde el dibujo hasta el performance, pasando por el vídeo, la escultura, la pintura, la instalación o la gráfica. Ya no se trata tanto de libro de artista como tal, pero es algo que pienso más como una ‘revista de artista’, si se puede llamar así.

¿Puedes recomendarnos algunos libros que te hayan influido en la creación de tus libros de artista?

— Los libros de Hans-Peter Feldmann

Teaching and Learning as Performing arts de Robert Filliou

Esthética del libro de artista (1985) y Sur le livre d’artiste, una investigación sobre la historia y teoría del libro de artista, escrita y compilada por Anne Moeglin Delcroix (son los análisis históricos más completos que he visto acerca del tema)

— Libros de Ed Rusha, Laurence Weiner, Sol Lewitt

— Publicaciones de Marcel Broodthaers

— Los libros de Claude Closky

— Libros de Diether Roth

Xerox book, de Seth Siegelaub

— Los escritos de Ulises Carrion sobre libros de artistas

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Ópera, 2015. Instalación de Books & Fan, conformada por libros propios creados especialmente para la instalación.

 

 

Elsa-Louise Manceaula foto (3)x (París, 1985). Artista visual. Actualmente vive y trabaja en México. Su trabajo plástico ha sido expuesto desde el año 2006 en varios países. Estudió en Gerrit Rietveld Academie Amsterdam y en el Programa Educativo para estudiantes de arte contemporáneo SOMA en México.

Su trabajo puede ser apreciado a través de http://www.elsalouisemanceaux.com/.

Por Diana Moncada

Giovanna-Miyó está de cumpleaños: Apuntes sobre Las Historias de Giovanna

A propósito del aniversario de nuestra Miyó-Giovanna

En 1971 Miyó Vestrini publica su primer poemario, Las Historias de Giovanna, donde, aunque ella lo negó, se enmascara en otra mujer para evocar sus propias emociones. Desde esta primera obra, relució lo prosaico de su poesía despojada de preciosismos. La memoria, es en este libro, un hilo que atraviesa y entreteje el cuerpo del poema, los recuerdos enturbiados, dolorosos como agujas ya enterradas en otras épocas y en otros lugares, murmuran y aparecen como fantasmas en la vida adolescente de Giovonna-Miyó.

Hay en este libro, una impronta de su adolescencia, la huella del fruto sensual aun no madurado de una muchacha que arrastra su nostalgia suave, brumosa, no empañada aun por la ira que explotaría en sus siguientes poemarios. La ingenuidad también se asoma en alguna palabra o gesto y queda flotando a veces, un poco oculta:

“…Es imposible, Giovanna, murmuraba, saber ahora cuándo comienza la primera aventura europea y si alguna vez existió. No importa ignorarla, reducirla a una voraz temporada de camas desechas, cuentos inacabables y tristes, idéntica luz que desde el balcón se mezcla con el oeste de la ciudad. Pienso, es grave, Giovanna, no poder confundir los acontecimientos, en una sola historia lisa y tranquila, con personajes normales o no, siempre en orden alfabético…” (Vestrini, 1971, p. 26).

El poeta y amigo de la escritora, Luis Camilo Guevara adjetiva este libro como uno “palpitante”. Éste pensó que Las Historias de Giovanna exigían “un profundo y apasionado desplazamiento sobre la superficie del espejo” (en Vestrini, 1971). ¿Cuál espejo?, uno ante el cual, Miyó transitaba fugazmente, entreviéndose de a ratos, confrontándose y huyendo de sí, intermitentemente.

A continuación algunos poemas del libro:

*

Toda la noche, Giovanna le ha sostenido la cabeza esperando que concluya su delirio. Giovanna, semidesnuda, muerta de risa, impregnada de un perfume oscuro y dulce. Giovanna que le habla entre dientes y mira de reojo la hora. Giovanna, despeinada, con el brazo entumecido a fuerza de aguantarlo contra el diván.

**

Ocurrirá cuando hayan pasado quince días,

cuando Giovanna comience a sentirse

            hostil y agresiva.

Hoy, lee los periódicos,

imagina la guerra,

trata de descifrar fotografías borrosas,

 <<cuatro mil o más manifestantes

        desfilaron contra la guerra del Vietnam

       en Kufuer>>,

no entiende el nombre,

salta algunas líneas,

regresa al principio,

se pregunta qué estará ocurriendo,

abierta a toda sospecha,

culpable, piensa,

de hacer tantas cosas al mismo tiempo,

de no obedecer órdenes útiles y precisas,

de nuevo la conserje,

el ascensor que chilla entre el primero

             y el segundo piso,

y el desaliento, querida Giovanna para que

             todo lo

recuerdes mal.

***

Historias,

historias,

chillaba el padre,

sobre la mesa la madre ha puesto el pollo frito

y las tortas de harina,

afuera,

el calor hace chillar el portón de metal

y, desde la plaza, los muchachos silban a

              Giovannna.

Ella no sabe aún

que tendrá que esperar más de un año

para que la inscriban en la escuela del pueblo

y la lleven a saludar al dueño de la botica

En el autobús, Giovanna ha visto el gesto del anciano cuando escupe una gruesa y roja saliva en un vaso de cartón y trata de vaciarlo por la ventana. El viento abate sobre Giovanna el líquido viscoso que ahora resbala en su brazo. La madre grita furiosa mientras limpia a Giovanna con un pañuelo blanco y agua de colonia. El viejo se voltea para mirarlas: Giovanna ser ríe con él, sucio y desdentado, con ese azul impreciso que tienen los ojos de los viejos. Llegan. La madre le cuenta todo al padre y termina llorando, preguntando otra vez cuándo nos iremos de aquí, cuándo regresaremos a Europa a celebrar la Pascua Florida. Desde la plaza los muchachos silban a Giovanna, de nuevo, y ella los mira, riendo y haciendo gestos. Giovanna llora y se pasa la lengua, allí donde el viejo le había escupido.

Diana Moncada