Martha Kornblith, una desaparecida

De la serie Pérdidas

Muchas veces hemos lamentado la inexistencia escandalosa de un libro añorado. No es un secreto que existen, casi impenetrables, carencias hondas e ingratas en el mundo editorial. Este post viene de la nostalgia de las ediciones agotadas que nunca más fueron reeditadas, de la afanosa búsqueda de las huellas de los escritores fugaces, olvidados, perdidos, cuyos libros están desaparecidos desde hace tiempo de las librerías, tarantines de libros usados, centros de documentación y/o bibliotecas públicas y privadas.

Los poemas que compartiré hoy, pertenecen a una poeta que ha corrido con la suerte a la que me refiero. Martha Kornblith, poeta y comunicadora social, fue miembro en su momento del grupo literario Eclepsidra y autora de una mesurada pero contundente obra poética: Oraciones para un dios ausente, publicada por Monte Ávila Editores en el año 1995 en la colección Las formas del fuego, Sesión de endodoncia editado por Editorial Eclepsidra  y El perdedor se lo lleva todo por la editorial Pequeña Venecia, estos dos últimos publicados póstumamente en 1997.

Tres libros que condensan una poética de la pérdida, del hastío y la locura, con un dominio del lenguaje riguroso y sosegado, en espera del golpe final.

A continuación una pequeña selección de sus poemas.

***

Me dices que te hable sobre mi vida.

Yo te propongo un poema sobre la locura.

Me propones una frase para desarrollar un poema.

Poema es momento presente, lo que me ocupa.

Me dices que me ponga en el lugar

de la que me hubiera gustado ser.

Yo te digo que una actriz de cine

famosa para vivir y ser amada por miles

que es como volar por encima de una playa

y saber que aquella gente me mira y me llama.

Eso es morir.

O suicidarse.

Vagar como un fantasma ausente

en la conciencia de miles sin cuerpo ni cara.

Para verlo tomar palco entre miles estupefactos

y llamarme.

Suelo volar como una paloma herida

en una playa interminable

y dejar rastros de sangre

ante el tin tin ausente

de tu teléfono,

llamarte es confrontarme con la realidad inexorable

de un fracaso.

(De Oraciones a un dios ausente)

 

***

Mientras sólo

nos observan de reojo,

nos acusan de irrealistas delirantes

y naufragamos

en las lavadoras.

¿Sobreviviremos

al sopor de las cocinas,

a la puntualidad de los recibos?

Seremos

personas cotidianas

sólo cotidianas

pero no acudiremos  a la cita.

Fingiremos morir.

(De Oraciones a un dios ausente)

 

***

 

En toda la casa
siempre habitará un poeta
con una hermana (que no es poeta)
que le dirá
que escriba una biografía
sobre su familia.
En todas las casas
habitará una poeta
-loca además-
como aquellas que sostienen
a duras penas
sus propias biografías desdeñables:
ellas avizoran pasados autistas
mujeres que dicen palabras soeces
dan tumbos a medianoche.
En todas las casas
habitará un primo lejano
-que vive en otro país-
y que busca (en inglés)
la génesis de la familia.
Conoció, hace años
a esta pariente esquizoide
(tan callada, tan lejana –dijo-)
(“So quiet, So Withdraw)
No la reconoció en su última foto
(“lucía tan diferente”)
(“She looked so different,
so atractive, so outlocked)
En todas las casa
habitará una hermana poeta
-loca además-
que busca su propia desdeñable
génesis
(aquella que ya no conocemos)
En todas las casas
habitará una hermana
que le pedirá a su hermanan poeta
que escriba la historia
de la familia
Esta poeta (loca de la casa)
pasará a formar parte de esta saga
el día en que deje el teléfono
desconectado
en el filo de la madrugada.

(De Sesión de endodoncia)

 

***

 

Sé que bajo de mí

algo se cuece, algo se conspira

Alguien me martiriza

sin derecho a réplica.

Yo callo y obedezco.

Pero lo diré en un poema,

lo diré en un poema.

(De Sesión de endodoncia)

 

***

 

Y si el poema

no fuese

mero ejercicio de vanidad

vana soberbia.

Y si el poema fuese

flecha que alcanzara

al asesino de poetas,

y si el poema fuese

papel que secara las

lágrimas

en las horas de más dolor.

(En Sesión de endodoncia)

 

***

Es Martes

leo a Kristeva

(«la melancolía es estéril

si ella no deviene en poema»)

Es Martes

y hace un mes

mi mano izquierda

ardía en carne viva

Conocí a un médico

al que amé con locura.

Ese hombre lavó

mi sangre

ese hombre limpió

mi piel quemada

con indulgencia.

Ese hombre conoció

mi llanto

pero ese llanto

no era un llanto

que venía de adentro

era un llanto

distinto,

un llanto de afuera.

Es Martes

leo a Kristeva:

(«Habito la cripta

secreta de un dolor

sin palabras»)

A él le dedico

« Del dolor puede surgir

el amor, el más profundo

amor»)

Es Martes

y leo a Kristeva:

«La melancolía es

una perversión,

a nosotros nos toca

conducirla hasta las

palabras y la vida»

(De Sesión de endodoncia)

 

***

 

El paisaje de mis veinte años fue

encaje y algodón rosado en Las Vegas

olor a ropa nueva de la mano de mi madre

el vapor que exhalaban las alfombras del Caesar´s

violentar precozmente el cerco del bacará

menta con hielo, limosinas y paseos a Virginia City

el legado de hagan sus apuestas

mucho romanticismo.

Vivir era sólo una cortesía de la casa

así de fácil.

La fortuna no iba más allá de la tentación de las fichas

de las grandes suites

del asombro de los hoteles en el Strip

de los bikinis mínimos

de los hombres apuestos

de las caídas del sol en islas exclusivas.

En todo eso creí

porque creer era desestimar el tiempo

y el diseño que él deja

o resérvame también el derecho de admisión

porque a mucha gente no admití.

Aún así

bastantes veces huí a la explosión de las luces de ese destino

fui una muchacha pensativa

pensé cosas por las que nadie daría un níquel.

Ahora que los números me traicionan en las ruletas

y me da miedo ver las cartas

lo he apostado todo.

Pertenezco a una legión distinta de ganadores.

(De El perdedor se lo lleva todo)

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